El mañana: ¿Siempre saldrá el Sol y nos calentará a todos?

 Hay momentos donde no vemos la salida en nuestra vida, no es necesario que sea una situación de vida o muerte, sino que nos haga cuestionarnos a nosotros mismos sobre nuestras decisiones y nuestro futuro.

Es un mal habito que tengo desde mi adolescencia, aunque antes no era algo tan serio. Hasta hoy, es una sensación tan desgastante (física y emocionalmente) donde no hay un personaje o algo donde nos guíe dentro de esa 'tierra de nadie'. Ahí todos tus miedos, inseguridades, recuerdos y dudas caen como artillería incesante. Cada explosión te arroja a más lugares incómodos y desconocidos, aumentando el miedo ya existente.

Normalmente, en esa situación hay una marea de hormonas que empapan el cerebro y hace que la experiencia sea comparable con el de una montaña rusa. Empiezas con la ansiedad que sube poco a poco hasta que te deja caer en la histeria para luego recuperarte un poco con tintes de tristeza. La nostalgia aparece como un escape de la realidad para imaginar cómo antes era nuestra vida antes de que los problemas comenzaran. Y de nuevo, una y otra vez hasta que estas agotado y sólo piensas en dormir.

Rendirse, no es posible. No soluciona nada, y abandonar todo sólo te metería en más problemas, aunque sigue siendo tentadora la opción. Cuando nuestro cerebro está cansado de pensar en los peores escenarios posibles, nos ofrece un ultimatum: el suicidio.

El suicidio es la última gran oferta. Todo y a la vez nada importa, no existe punto medio dentro de este escenario.

Cuando llegamos a esta parte, nos preguntamos ¿Vale la pena seguir viviendo? ¿Será que esta realidad no es para mí?

Sería mentir si digo que nunca pensé en el suicidio. Para mí, la idea es como un amor letal: fantaseo con ella y a veces la deseo tanto. Es tan atractiva, pero no sé que pasará después; sólo sé que sería el fin para mí.

Regresando a la realidad, no tuve el valor de tomar tal decisión. Ahora me pregunto si elegí de manera correcta, me cuestiono sobre todo lo que he hecho y dicho y finalizo con un dolor de espalda y cuello. Al final, no hay una respuesta exacta. Sólo yo y la realidad.

PD: Si tienen a alguien con quien hablar, háganlo. Es muy doloroso no poder expresarse con alguien, la vergüenza y el miedo toman prisionero a nuestra voz, forzando nuestra soledad hasta el fin de nuestros días, para así, no lograr nada.

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